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CARTAS

2012 /

No es que no sepa, es que no puedo decírtelo

Autor: Marianne Amelinckx
21 febrero, 2012

Categoría(s): De Humor, Finalistas, Románticas

Lecturas: 5771 | Compartidas: 44 | Comentario(s): 81

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Al observar a las personas mientras hablan, me doy cuenta de que las manos son parte crucial del lenguaje, pues con ellas también nos comunicamos. Cuando somos bebés, lo primero que aprendemos a decir son las palabras que más utilizamos, y por tanto, necesitamos decir: “mamá, papá, leche, gracias”.

De pequeña también me enseñaron a decir la palabra amor y, a medida que fui creciendo, supe más acerca de esta palabra. Me enteré que muchos describen el momento en que vieron al amor de su vida, como un momento mágico en donde el tiempo se paró y se quedaron sin palabras. Esto es demasiado cursi para mí. Aunque sí debo admitir algo, la primera vez que te vi fue inolvidable. También acepto que me quedé sin palabras, pero no porque soy cursi, es porque soy muda.

Recuerdo que estábamos empezando clases y tú eras el chamo nuevo. Llegaste al salón cuando el profesor estaba a punto de cerrar la puerta y pediste disculpas diciendo que era la primera vez que ibas a esa universidad. El profesor te dejó pasar y te sentaste de primero, justo en el pupitre que no servía.

El tiempo pasaba, y cada vez que nos veíamos en el cafetín, me saludabas desde tu mesa. Yo te respondía con una penosa sonrisa, agitando torpemente mi mano. Un día iba apurada a clases y coincidimos en la puerta del cafetín, tú me saludaste y me preguntaste que cómo estaba.

¿QUE CÓMO ESTABA? ¡Muda!

No entendía para qué me saludabas si todos saben que los mudos no hablamos. En ese momento asentí y lo único que salió de mi boca fue algo parecido a un torpe “hmju, hmju”. Me quedé paralizada unos segundos y luego salí corriendo para evitar que la situación fuese más incómoda de lo que era, como si eso fuese humanamente posible.

Pero bueno, el día mejoró cuando vi que me habías mandado un mensaje privado en Facebook diciéndome que era una antipática por no saludarte. Primero, no podía creer que me estuvieses llamando antipática, y segundo, que fueras tan bruto como para no haberte dado cuenta de algo tan obvio.

Ni siquiera me atrevo a pensar en cómo llegaste a la universidad.

Pero bueno, ese día yo te seguí la conversa y te dije que me fui corriendo porque estaba muy apurada. Tú te comiste el cuento y cuando yo pensaba que todo iba a terminar feliz como en un cuento de hadas, a ti se te ocurrió la brillante idea de invitarme a hablar por Skype.

Bruto, bruto, bruto.

Entonces cerré la conversación y te dejé hablando solo. Cuando le conté a Rosana, mi mejor amiga, ella me dijo que te dejara en paz, porque si no te habías dado cuenta de que era muda debías tener serios problemas. Ni siquiera podíamos imaginarnos el desastre en el que te convertirías tratando de hablar el lenguaje de señas. Así que no me quedó otra que hacerle caso a Rosana. Pero es que definitivamente a mi la vida ni siquiera me da limones para hacer limonada.

Me tiré al olvido y perdí todas las esperanzas. Retiré la materia que veíamos juntos y ahora las visitas al cafetín tenían otro horario totalmente diferente al tuyo. Quizás mi reacción fue un poco dramática y radical, pero eso es lo mínimo que se puede esperar de una mujer que no puede quejarse las 24 horas del día.

Lo que yo no esperaba era que días después tú decidieras cambiar mi destino para demostrarme que estaba equivocada —bueno, y Rosana también—, cuando, sin prestar mucha atención yo iba caminando, y te vi parado en la entrada del cafetín con la sonrisa más bella del mundo, haciendo la señal de un “te quiero” con la mano. Si pudiera hablar, estoy segura que en ese momento me hubiese quedado sin palabras.

Aunque una rosita no hubiese estado de más.

Empezamos a salir y cada día que pasaba te inventabas una técnica nueva para comunicarte conmigo: primero un lenguaje de señas inventado por ti para que juntos lo aprendiéramos. Era un sistema tan lento que para preguntarme si quería un helado, una vez tuvimos que caminar detrás del heladero unas cuántas cuadras. Yo prefería quedarme callada (claro, como si pudiera hacer algo distinto), y dejarte hacer lo que quisieras. Pero es que tus intentos para comunicarte eran tan tiernos, que no podía resistirme a la tentación de verte intentar día tras día. Después de un tiempo te diste cuenta que escribir en una libretita era lo mejor, lo cual nos ayudó bastante.

Ya aprendiste a decir “mamá, papá, leche y gracias” con el lenguaje de señas que tanto yo, como todos los mudos utilizamos. Y aunque todavía te vuelves un completo desastre, tú me has enseñado que para decir la palabra amor no tengo que mover ni utilizar mis manos, porque amor se dice con el corazón.

Ahora lo único que hago es tratar de gritarle al mundo lo mucho que te quiero.

Wow, eso fue cursi.

Nos vemos en el cafetín.

 

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Acerca del autor

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Comentarios

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  • que bello, yo tampoco me considero cursi, pero eso si que es tierno. felicidades

  • Hola! quería compartir este video contigo… lo mejor es la traducción simultanea para mudos!
    Salud
    http://www.youtube.com/watch?v=-QKyJNmyb-k&feature=relmfu

  • carolina espada dice:
    09/05/2012 a las 5:01 pm

    Compañeros finalistas admirados y queridos: anoche de 1:30 a.m. a 3:00 a.m. publiqué en cada una de sus páginas (y aquí en la mía también) unas muy sentidas y admiradas palabras para cada uno de ustedes. Ya las había redactado mucho antes de la “Gala”, así que sólo fue una cuestión de “copiar/pegar”.

    Una asistente al concurso logró leerla y se emocionó. Pero, por algún motivo… ¡desapareció!

    En el librito que les di está mi email. Facilito. Terminado en @cantv.net. Por favor, escríbanme allá, para poder enviarle lo que les escribí a ustedes con tanto amor y tanta admiración.

    Los apurruño,

    Carolina

  • A mis compañeros finalistas de las cartas de amor.

    (Al día siguiente de la premiación, aunque esto lo escribí mucho antes de la “Gala”).

    ¡Qué delicia haber compartido este espacio con ustedes, haberme enamorado de sus cartas y haber leído todos los comentarios que les enviaron! ¡Nada como la respuesta de un lector para darle pleno sentido a la escritura!

    Y ahora, unas palabras para cada uno de ustedes (en el mismo orden en que fuimos anunciados por los organizadores del concurso).

    1. Reinaldo Colmenares. “Carta a Marrosa”. ¡Ay, Reinaldo, tú y yo tenemos la fortuna de tener madres fuera de serie, de ésas que no pertenecen a la generación “blandengue ni majarete”. Ésas a las que uno sólo puede querer y admirar a cada instante. Tú tienes a tu “Marrosa” amada; yo, a mi “Olga Afrodita Regina et Imperatrix Urbi et Orbi et Universum”. Desde la bruma en dónde vive desde hace unos años (pero aún me reconoce y se atraca de chocolates), apenitas sonríe como diciendo: “Por supuesto: ésa soy yo”. La mía padeció a Gómez, los coletazos de la Segunda Guerra Mundial, Pérez Jiménez y siempre estuvo firme; navegando como el “Destructor Aragua” como le dice con tanto cariño mi mejor amigo. Mi mamá, al igual que la tuya, me leía “Vuelta a la Patria” y, si hubiera podido, también estuviera metida en su Facebook y de parrillera en la moto con su nieto. Tengo la certeza de que con tal madre, has sido un hijo excepcional que la ha llenado de “orgullos y satisfacciones”. A tu “Marrosa”: toda la lucidez, la salud y la energía que la caracterizan. Tu amor -y el de los tuyos- lo tiene en abundancia.

    2. Milena Gutiérrez. “Perdóname mi Dios”. ¡Milena! ¡Tu carta de amor y enorme dolor no es cruel! ¡Es crudelísima! Sólo un superlativo puede definirla. Tanta violencia, tal monstruosidad, la escribiste con el corazón y con las entrañas. ¡Es que le entregaste todo tu ser! Es un escrito palpitante y totalmente desgarrador. Tras leerte, tuve que irme al balcón para acusar el golpe y terminar de sufrir en silencio. De eso también se trata el arte de la escritura, remover en grado sumo a un lector. Horas más tarde, cuando me arriesgué a leer tu biografía y vi que habías puesto: “(…) me siento muy agradecida de tener una familia.”, respiré aliviada. Sé que no eres la madre de “Efraín”, pero qué alivio saber que tienes afectos a los cuales aferrarte.

    3. Cynthia Campos. “Carta a tu ausencia”. Cynthia, tu escrito –tan absolutamente triste como amoroso-, le removió la vida, la maternidad frustrada a más de una lectora. Puedes creerme. Los médicos hablan de embriones, de fetos y de porcentajes. Tú lo escribiste: “Médico dice que es normal, que casi la mitad de los niños apenas concebidos en un momento se cansan de crecer y se van”. También hay embarazos ectópicos –en su mayoría inesperados- que estallan y las mujeres mueren desangradas. Mueren… o no, pero se quedan con ese estallido por dentro; aquel vacío en el vientre. Si tu carta es autobiográfica, ¡ojalá que algún día vuelvas a tener “un copito de algodón”, como dices tú, dentro de ti! Gracias por venir de Perú. Los venezolanos siempre te esperaremos con deseos de abrazarte.

    4. Susana González. “Carta a mi tumor”. Susana, confío en que los reglamentos de este concurso maravilloso le permitan a SenosAyuda difundir tu carta. Todavía hay demasiadas mujeres desinformadas y la incidencia de cáncer de mama se ha duplicado en los últimos dos años (eso me dijeron; no sé si será en Venezuela o en todo el mundo). Ahora los ginecólogos no sólo le recomiendan a sus pacientes hacerse una mamografía y un eco mamario anual; hay muchos de ellos que aconsejan que lo del eco mamario sea dos veces al año. En nombre de mis primas y de mis amigas, luchadoras, sobrevivientes y libres como tú, mil gracias por este escrito que tiene un valor incalculable.

    5. Ahí me pusieron a mí con mi “Sin preaviso” y, como ustedes comprenderán, no me voy a poner a estar escribiendo aquí nada sobre esa cosa tan ridícula que ahora llaman “Mipersona”. Lamento no poder poner esto de “Míper” en cursivas, con letrica fucsia, un lacito y unos faralaos. “Tupersona”, “Supersona”, “Aperturar”, “Cerradurar”…

    6. Marianne Amelinckx. “No es que no sepa, es que no puedo decírtelo”. ¡Niña Bella! ¡¿De dónde saliste tú, Marianne Amelinckx?! Con ese apellido y esa imaginación (aunque tú aseguras ser venezolana, yo decidí no creerte), sólo puedes provenir de Armorica, conocer personalmente a Asterix y a Obelix, y tomar sorbitos de la poción mágica que prepara el druida Getafix. ¡Así fue como escribiste tu carta! ¿Pensaste que no te iba a descubrir? ¿Qué te pasa? ¡Yo he leído!… ¡Gradúate en la U.L.A.! ¡Sigue inventando historias! ¡Y, por supuesto, llévalas al cine tan pronto te sea posible! ¡Qué futurote tienes en la vida!

    7. Daniel Centeno. “A la niña de la radio”. Daniel, qué escrito tan venezolano, ligerito, divertido y refrescante, ¡y hasta en verso apuradito! (yo que nunca he podido versificar y me parece algo dificilísimo). Leyendo las 40 cartas preseleccionadas hice un recorrido por todas las emociones posibles. Al releer las 10 finalistas -y sufrir y llorar y estremecerme con algunas de ellas- agradecí la presencia de tu canción. Sí, porque esto es una canción a la que sólo hay que ponerle música. Ojalá que un compositor se anime y así entrarás –también- al “Top 10” de las tonadas más escuchadas en la radio. Tienes que entrar en contacto con SACVEN (Sociedad de Autores y Compositores), en donde músico buscando letra es lo que abunda.

    8. Juan Carlos de la Vega. “Tarantín de besos”. Mira, ¡loco! (¿cómo quieres que te salude tras haber leído esto en tu biografía: “Le pido a Diosito reencarnar en un cuerpo como el de Sofía Vergara y confesarme lesbiana irremisible desde que tenga uso de razón”? ¿Qué te fumaste, una revista de “Playboy” enrolladita?). En cuanto a tu “Tarantín Bésame Mucho”… ¡no te imaginas el montón de personas interesadas que quiere ir para allá! ¡Y pronto! En tu escrito nos das la dirección, pero –caraqueños al fin-, necesitamos un mapita o un punto de referencia. Algunos quieren saber si tendrás personal masculino para atender a una selecta clientela de caballeros, quienes, en este siglo XXI, están en pleno derecho de ir a hacer su compra correspondiente. Todos estamos necesitando una dosis de oxitocina (“hormona de los mimosos”, “molécula del amor”; “molécula afrodisíaca). ¡Estupendo negocio!

    9. Mariana Bacalao. “El cofre de la memoria”. Mariana, escribiste: “Al redactar esta carta estoy haciendo caso omiso a las recomendaciones de mis amigas, quienes consideran que presentarse en un concurso público con una carta de amor para el ex-marido, produce en el mejor de los casos, caspa”. Yo no estoy de acuerdo con tal aseveración. Cuando hay hijos de por medio, la relación continúa; sigue habiendo “amor” (entre comillas, porque no sé que tipo de amor); hay una unión y un afecto que va a durar toda la vida. Todo es muy distinto cuando la pareja no ha tenido niños: de inmediato se pasa esa página, se cierra ese libro para siempre y, es más, se puede tirar a la basura. Me alegro de que ése no sea el caso de tu carta de amor.

    10. Albio Vivas. “Confesión”. Albio, coincido plenamente con un comentario que dejó en tu página uno de tus lectores, él decía que era innecesario poner en tu biografía eso de “interesado en las letras y no sólo para su uso en las matemáticas, aprendiendo a programar con el algoritmo de las palabras”. Tu carta es impecablemente matemática. Te quedó “redondita” (bueno, así digo yo, a lo mejor, matemáticamente hablando, habrá que decir que te quedó “cuadradita”). Tu lector te escribió que, al final, lo dejaste con “cara de raíz cuadrada”, y que luego le dio un ataque de risa. ¡Yo sé cómo es esa cara! Debe de ser picassiana, cubista: la nariz en “v” severa y aguda; la ceja que se desplaza hacia la derecha (desde la perspectiva del espectador): una línea horizontal completamente recta. Habrá que ponerle más garabatitos algorítmicos (¿qué será eso?) para completarle el ojo, la boca y la orejita (que puede ser un “3”). Y un mensaje para Ernesto allá en su celda: que agradezca que no murió infartado por sobredosis de pastillas azules dentro de la carreta vaquera a lo Clint Eastwood.

    Yyy… ¡¡¡“11”!!!… simplemente porque yo ansiaba conocer al arquitecto-escritor Enrique Girán, autor de “Seré breve”. Seis líneas de puro amor. Seis líneas que se pueden seguir leyendo entre las 40 cartas preseleccionadas. Muy pronto le escribiré (allá en su página) para contarle por qué voy a imprimir su “Seré breve” para llevarlo al pueblito de Utuado en Puerto Rico. Cuando vaya a visitar a mi familia “de allá”, quiero llevar esa carta de amor al lugar en donde nació mi papá y sus trece hermanos. En la iglesia de “San Miguel” me bautizaron y cada vez que voy a Utuado lo que hago es llorar sin parar; no en la iglesia, sino al pie de una estatua. En mi próxima visita a la isla, y con la autorización de Enrique Girán, quiero llevar su carta de amor y de esperanza. ¡Porque todas las guerras son absurdas! ¡El amor y la esperanza son nuestra salvación!

    Sólo una palabra más para ustedes, mis compañeros, y para los organizadores del concurso Montblanc, la Fundación Icrea y los demás patrocinantes: ¡¡¡GRACIAS!!!

  • Muy buena tu carta, espero que sigas cosechando exitos en el mundo de la escritura. Felicidades.

  • Si simplemente bella tu carta. SUERTE “Miss Cartas de Amor”

  • Ya llegó el día y yo no puedo más que agradecer a los organizadores de este evento.
    Desde hace tiempo he pensado que este es el “Miss Venezuela” de las cartas y yo estoy súper nerviosa y emocionada, pero sobre todo me siento lista para la noche de hoy.

    Espero que al entrar al escenario no se me salga un “Buenas Noches, Poliedro!”

    Quiero agradecerle a todas las personas que votaron por mi carta y cada comentario que recibí. Me parece increíble que personas que ni conozca se sientan identificadas con esta carta, les haya gustado y más increíble aún es todo el apoyo que he recibido.

    Muchísimas gracias a todos!

    Nos vemos en el cafetín!

  • La Ganadora , definitivamente extraordinaria, fresca, ligera transmite muchisimo, para mi…la mejor carta de la edici´´on del 2012, felicitaciones

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