CARTAS
2011 /
Cinco Sentidos
Autor: tdomf_17c80
25 marzo, 2011
Categoría(s): No clasificadas
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A los que luchan por pintar su obra de arte.
La vida los había llevado a este punto, nadie más, ni las presiones, ni los desencantos, ni los sinsabores de la relación, ni siquiera ellos tuvieron nada que ver, simplemente pasó, fue la vida, culpable e inocente de todo lo bueno, y lo malo. Fueron aquellos pequeños detalles palpables de la vida, representados en acciones, que vemos, oímos, respiramos, sentimos y saboreamos. Así, la vida los dejó frente a frente.
Ambos se miraban fijamente, los ojos giraban desorbitados dentro de su propia órbita con imágenes del pasado gravadas en la retina, viajando a mil por hora delante de sus ojos, como si tuvieran memoria, recordando los momentos en el que la luz que los guiaba sólo provenía de su par, y que sin ellos, el resto era oscuridad.
Se miraban sin mirarse, ausentes, su cuerpo presente, pero el alma en un túnel de tiempo, saltando como solamente la imaginación puede, sin pausas ni sentido, del pasado al futuro, lo que hubo y lo que habrá. El miedo los envolvía, les tendía una trampa de la cual no podrían salir.
Un silencio ensordecedor dejó mudas sus mentes, porque en estos peculiares momentos donde nos lleva la vida, el corazón es el único con voz, pero la testarudez del hombre lo calla, lo ahoga como si se tratara de su peor enemigo, cuando es el único capaz de hacer escuchar a un sordo. Gritando a viva voz el corazón les daba las respuestas de lo que tiene que ser la vida y porque justamente en estos momentos definitorios del carácter y la personalidad, nos quedamos ciegos, mudos, sordos, solos.
Aún cuando la mente nos abandonada, aún cuando los ojos se cierran, aún cuando obligados por el miedo a recordar tal y como en nuestra niñez a dar el primer paso, la primera palabra, aún cuando todo parecía olvidado, el corazón persistió en su lucha, es él quien nos guía en los túneles más oscuros de nuestros pensamientos y en los baches más profundos de nuestras vidas. Con él poco a poco se va generando vida, y de pronto las piezas encajan, las hormonas se disparan al reconocer olores que fueron gratificantemente monótonos en su vida, aromas que en ese preciso momento se combinaron con el desgano de un olfato caprichoso que se alejó lentamente de su olor favorito.
Fue así como el corazón persistiendo en su lucha, les gritaba lo que debemos y suponemos que es por lo que nacemos, la libre y evidente verdad de tratar de vivir la vida de manera de llegar a ser felices, felices a nuestro propio y particular ritmo, sin dejarnos llevar por los compases de la melodía que otros tratan de imponer como la música que hace bailar al mundo.
La testarudez transformada en vergüenza dio paso a lo trágicamente ordinario de sopesar un fin que puede que debía pero no precisamente tenía que ser, lo vulgar de lo común llegó a ser una tímida palabra sin sentido que dio paso a una disfrazada racionalidad que pintaba los últimos detalles de un lienzo que pudo haber sido mucho más, pero que dejaron morir por la cobardía que los mueve, por temor a ser felices han dejado de realizar su obra de arte, dejaron de escuchar a su corazón.
Sin más que aportar más que la zozobra de sus acciones, los recuerdos de tiempos pasados dieron juego a la más dulce y última recompensa, el beso, el sabor de lo exótico y el placer de lo que por última vez se toca, creo una explosión de sabor llevada a su máxima expresión con el roce de unos labios, que más que tocarse les mostraban el camino por recorrer y la brutalidad de su decisión.
Pero la vida es así, y así lo quiso, se dejaron llevar por los temores sin luchar por pintar su obra de arte, por bailar su propia sinfonía. La vida continua, pero cuán mejor sería, si escucháramos al menos una vez a nuestro corazón, que se expresa a través de nuestros cinco sentidos.
Daniela
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